La marcha de los paraguas, llamada así por la prensa fue realmente conmovedora por las circunstancias en que se dio: los jóvenes llegaron como todas las citas anteriores desafiando esta vez una lluvia intensa, con un frio atroz, y marcharon, siendo a la vez la marcha, mas pacifica de todas. La paradoja es que a la misma hora hablaba el presidente de la república, y hacia referencia a la violencia que había desencadenado el golpe de estado de 1973, lo cual deja en evidencia que hay una absoluta incomprensión de sectores políticos que hoy ostentan el poder de lo que está pasando en el Chile de hoy, no ven lo nuevo, ven los propios miedos, pero no es un miedo al pasado, ojo, es un miedo al futuro, porque le tienen miedo a los jóvenes.
Por eso no se sientan a conversar, por eso el ministro de educación cuando hace su tercera propuesta a los jóvenes, hace lo mismo que su antecesor: lanza un anuncio y sale corriendo, no le contesta a los periodistas, no presenta esa propuesta en una mesa con los estudiantes, no se sienta a conversar, porque le tienen miedo a los jóvenes. ¿Y porque le tiene tanto miedo a los jóvenes? Porque ha aparecido algo nuevo en el país, y es que los jóvenes no tienen miedos con el pasado y tampoco tienen miedos con el futuro y por eso sueñan, y se proponen cosas que para cualquiera de las generaciones anteriores, incluidos nosotros mismos, habría parecido imposible, de hecho, lo que hoy han logrado según a lo que se pensaba un par de meses atrás no tiene ninguna relación, no lo habríamos creído posible, porque los miedos, los perjuicios, los temores, las inseguridades, nos hicieron ya difícil soñar, nos pusimos pragmáticos, y en lo pragmático lo que se ve en el horizonte se ve como fácil, como posible y para los jóvenes no y eso es lo que tiene desconcertado al gobierno, y a los propios partidos; sino vean la cara de los parlamentarios cuando los jóvenes fueron a exponer sus ideas al congreso, al senado: una cara entre admiración, perplejidad y cierto temorcillo a los jóvenes, una cosa soterrada, y los jóvenes lo que están reclamando son sus sueños, porque son jóvenes y pueden hacerlo, y ejercen su juventud y la ejercen democráticamente, se movilizan, y de ahí el susto de los que no saben adónde van pues se dan cuenta que no pueden controlar, que no pueden manipular un movimiento que se escapo absolutamente de sus manos, y en consecuencia se abre un horizonte que nadie puede proveer, seamos sinceros, nadie sabe dónde va a terminar esto, pero los jóvenes si lo saben, y están contentos, y están ejerciendo la democracia, y como la democracia no es una cosa fija, definida en el tiempo, sino que se renueva, cambia es la forma de vivir, de ir tomando las decisiones naturalmente ellos no se ponen una meta realista, pragmática como abrían dicho las personas más antiguas, sino que dejan correr sus ideas, dejan correr sus sueños y la propia realidad les va dando sustento cuando en un momento aparece no posible, y en un momento siguiente se han creado nuevas condiciones, que ellos mismos las han generado, y si parece posible.
He ahí el miedo y el perjuicio del Presidente, por eso el Presidente no se sienta a conversar con los jóvenes, recibe a los rectores, los de las particulares y de las públicas, pero no a los jóvenes. Por eso el ministro no conversa, no dialoga con los jóvenes, les lanza propuestas y espera la reacción, pero parapetrado en el ministerio, y por eso los políticos los invitan pero no toman la iniciativa, son los jóvenes los proactivos, los que ponen la agenda, son los jóvenes los que ponen los ritmos, son los jóvenes los que los obligan a marcar y a retroceder. Y van avanzando y van ganando terreno, eso es lo curioso de este proceso que está en plena marcha, y que todavía no tiene visos de hasta dónde va a llegar y que probablemente va a continuar en otras áreas, porque el país empieza a cambiar.

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